Tuve una hija preciosa. Se llamó Mª del Mar pero familiarmente todo el mundo la conoce por "Pipi".
Rubia, grandes y preciosos ojos verdes y un semblante expresivo y cautivador.
Malagueña de nacimiento, pasó su infancia y primera juventud en Palma de Mallorca.
Desde pequeña, junto con su hermano Sami, llamó la atención de publicistas que pusieron imágenes de ambos en spots y revistas.
Tengo imborrables recuerdos de esta época de su vida, y guardo en mi memoria con inmensa gratitud y emoción los momentos entrañables que pasé junto a ella y sus otros dos hermanos en aquellos años de su infancia.
La vida a veces da reveses y crea situaciones que afectan muy directamente a quien menos debiera.
No pude ayudarla - muy a mi pesar - en sus años de adolescencia tan cruciales, pues tras mi ruptura matrimonial hube de marcharme de Palma por motivos profesionales. Así que no todo fue fácil y bonito para ella, pero afortunadamente, poco a poco, y seguro que con mucho esfuerzo por su parte, Pipi fue troquelando una personalidad fuerte, valiente y sincera.
Nuestra relación pasó por momentos durísimos. No encontrábamos, aún deseándolo ambos, el momento de pasar por alto lo que involuntariamente nos había distanciado. Fueron años de tremenda tristeza y soledad personal.
Pero afortunadamente el tiempo va poniendo las cosas en su sitio, y hoy día vivo mucho más tranquilo viéndola feliz junto a su marido Paco y mi querido Pablete, su hijo.