octubre 15, 2008

Prefacio



Comenzaré esta la historia hablando de mi hija Pipi. Ella trajo al mundo a Pablo Enrique Cornejo Álvarez, Pablete -su primer hijo y mi primer nieto - personaje central de esta historia.

Pipi, la mayor de mis tres hijos, ha sido y es, junto a los otros dos - Sami y Cai -, el soporte de mi vida.
Contando algo sobre Pipi comenzaré esta historia.
Yo, que no siempre supe entender su apuesta personal en pos de la felicidad, solo deseo, con todo mi corazón y un inmenso amor, que siempre a lo largo de su vida la tenga a su lado.










Comienza la historia

Tuve una hija preciosa. Se llamó Mª del Mar pero familiarmente todo el mundo la conoce por "Pipi".
Rubia, grandes y preciosos ojos verdes y un semblante expresivo y cautivador.
Malagueña de nacimiento, pasó su infancia y primera juventud en Palma de Mallorca.
Desde pequeña, junto con su hermano Sami, llamó la atención de publicistas que pusieron imágenes de ambos en spots y revistas.
Tengo imborrables recuerdos de esta época de su vida, y guardo en mi memoria con inmensa gratitud y emoción los momentos entrañables que pasé junto a ella y sus otros dos hermanos en aquellos años de su infancia.

La vida a veces da reveses y crea situaciones que afectan muy directamente a quien menos debiera.
No pude ayudarla - muy a mi pesar - en sus años de adolescencia tan cruciales, pues tras mi ruptura matrimonial hube de marcharme de Palma por motivos profesionales. Así que no todo fue fácil y bonito para ella, pero afortunadamente, poco a poco, y seguro que con mucho esfuerzo por su parte, Pipi fue troquelando una personalidad fuerte, valiente y sincera.
Nuestra relación pasó por momentos durísimos. No encontrábamos, aún deseándolo ambos, el momento de pasar por alto lo que involuntariamente nos había distanciado. Fueron años de tremenda tristeza y soledad personal.
Pero afortunadamente el tiempo va poniendo las cosas en su sitio, y hoy día vivo mucho más tranquilo viéndola feliz junto a su marido Paco y mi querido Pablete, su hijo.